VOTOS, ABSTENCIÓN O PODEMOS, LA DIFERENCIA INSALVABLE, por Zoilo Caballero Narváez

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Una pequeña, mínima, sustancial diferencia, separa a Podemos de todas las formaciones que concurren y se presentan con posibilidad de éxito ante el pueblo español para que este le entregue nominalmente la dirección de sus asuntos en esa esfera tenebrosa que llamamos Estado. Nunca han gobernado, no tienen pasado como fuerza política, sólo en la invención de sus adversarios. Esa diferencia se ofrece a la conciencia de muchos como un caudal o crédito del que carecen los demás. Para otros, en cambio, llevan grabado en la frente la señal maléfica, una marca que vislumbran en sus pesadillas y delirios alimentados por el prejuicio. Hacen alardes de presciencia, guiados por esa facultad de adivinación continuamente frustrada, que les hace olvidar la más importante de las verdades actuales en las relaciones políticas entre la gente y las bandas depredadoras que copan y han copado el Estado: los de Podemos no nos han hecho daño todavía porque no han tenido oportunidad de hacerlo, sencillamente. Por eso se apresuran, nos apresuramos, a tomar nota de cualquier señal de perjuicio futuro vivificándolo con el prejuicio del presente. Todo o casi todo se transforma en presagio, como si viviéramos rodeados de señales continuas de mal agüero, acordes con la irracional fuerza que quiere que se cumpla nuestro pensamiento. Sin embargo, este Wishful thinking se tambalea por la evidencia de su no pasado. No podemos asociar con fundamento esas caras y discursos de los miembros de Podemos con experiencias dolorosas.

En cambio, al ver y oír a Pedro Sánchez, junto a la falacia evidente de su guapura oportunista, se escucha el tintineo de los ERE, el arrastrar de sillas en las pingües asambleas de Caja Madrid, las tonterías de Zapatero y la desfachatez y ambición del clan sevillano-madrileño que se merendaron España como hicieron con la tortilla de patatas en aquella foto campestre.

Y si vemos u oímos a Rajoy, vemos y oímos a Bárcenas y a Granados, a Camps y Fabra, y a Mata y Mato, y como música de fondo escuchamos ese maravilloso acento texano mientras tomamos una deliciosa cup of coffee en la Plaza Mayor.

Todo esto es lo que no tiene Podemos. No nos avergüenzan, ni nos duele su presencia, sobre todo si la van dosificando para que ni los olvidemos ni nos hastíen. Aún tienen discurso porque les quedan los actos. Además, quieren cambiar el sistema y parece que es de verdad. Tan de verdad que no sólo tienen en contra a todos los partitócratas, sino a quienes decían que estaban en contra de estos. A los otros nada les queda que sea honorable, excepto construir cárceles para los suyos. Esa Regeneración de la que hablan es imposible y a deshora porque implica una limpieza familiar que puede llegar hasta el pater familias.

Ese cuento de ahora sí, entra en conflicto con sus hechos pasados y presentes, guiados por la rutina de la trampa.

Es lo que hizo hace poco Rajoy y lo que hizo tediosamente el otro día en la Sexta Pedro Sánchez, pedirnos perdón. ¿Por quiénes nos toman?

Divorcio, quiero decir, elecciones anticipadas y Proceso Constituyente con Libertad para deliberar de todo el cuerpo electoral.

ABSTENCIÓN O PODEMOS

La abstención se deslegitima a sí misma como concepto de la acción política cuando no es capaz de hacerse entendible a la mayoría como instrumento. Esa falta de apoyo en la base de la sociedad, la invalida como medio o táctica para conseguir su objetivo.

Las elecciones catalanas son un claro precedente (en este mismo periódico, El Nacionalismo Partitocrático) de cómo la gente abandona la abstención cuando se ilusiona con algo más tangible. Estas conclusiones sobre el asunto catalán pueden ser extrapolables, sin demasiado quebranto del análisis, a todo el país.

Nosotros mismos somos un ejemplo de lo que decimos. Ante las opciones que presentaba la partidocracia, no había ninguna duda de que no existía la elección del mal menor, porque el mal era idéntico con cualquier resultado que no fuera una abstención mayoritaria. Pero el sistema, actualizando la potencia política inherente al 15 M, ofrece ahora un anzuelo que se muestra irresistible: Podemos. Si este anzuelo puede modificar o evolucionar el sistema hacia un proceso de reflexión constituyente de los españoles, es lo que está en el aire. Lo que no deja de ser cierto es que estos de Podemos lo ofrecen. Esa pequeña variación es gigantesca para muchos.

ZOILO CABALLERO NARVÁEZ

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(Pensamientos ante el artículo de Zoilo Caballero para El bosón democrático y el programa de Radiogramsci ” Voto, abstención o Podemos” de hoy 14 de diciembre 2014)

– La acción política se realiza en el presente pensando en el futuro inmediato. Pensar en el pasado para decidir no votar no es una buena acción política. No es el momento de la abstención, ni pasiva, ni activa, es el momento, en cambio, de la participación mediante el voto que inicie y mantenga la evolución del sistema político de la oligarquía partidocrática y de medios de comunicación antidemocráticos hacia una poliarquía democrática.

– El referéndum para la conquista de la soberanía nacional, y la representación uninominal de los distritos con separación de poderes, puede conseguirse sin necesidad de recurrir a la abstención- abstención que puede considerarse hoy en día como un comportamiento de “yoga político-

– La forma de hacerlo es la acción política del voto mayoritario a la fuerza política que en su ADN tiene la participación ciudadana constituyente, es decir, a Podemos. Podemos exige en sus principios la revocación del cargo público y la auténtica separación de poderes. Juan Carlos Monedero exige ” Constituyente ya “. Esta tarde (13/12/14) lo ha vuelto a recordar: ” la revocación de los cargos es un principio de Podemos” y queremos una ” Asamblea Constituyente” para una nueva DEMOCRACIA.

– Un gobierno nacional, regional y municipal de Podemos implicará el periodo de debate racional y emocional necesario para plantear con garantías el referéndum constitucional que, a la misma vez, evolucione el cambio necesario en la mentalidad de los ciudadanos españoles.

-Por lo que ” para llegar a este momento crucial” NO hay que “pasar por no participar más” * en el sistema electoral, sino, por el contrario, debemos votar, precisamente, para socavarlo cuando el tiempo y la ocasión política lo permiten y exigen. Ese momento ha llegado. Participar en una votación para cambiar el sistema no es hacer el juego al sistema.

Podemos conquistar la Soberanía y la Democracia con representación uninominal de los distritos.

Entre el “comisario político” de la oligarquía partidocrática-mediática y el “yogui político”:
Voto.
Voto por la deliberación, por la participación ciudadana, por la democracia.
Podemos

ANTONIO M. BALLESTA

—-
* AGT, Libertad Constituyente, página 53.

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